miércoles, 18 de agosto de 2010

Ya estamos en casa

Es interesante pensar que estos quinientos veintiocho kilómetros que ahora nos parece tan natural recorrerlos en una tarde o una mañana, mis abuelos hubieran tardado, al menos, un día entero. Las daba tiempo a hacerse la idea.
En ese sentido, yo, ayer por la mañana, me levanté tarde, a las diez. Desayuné, fui recogiendo, a la una los llevé a todos a la playa, a las tres comí y sobre las cuatro y pico me puse al volante, con mi furgoneta y mi caravana: volvíamos a casa. A una casa a la que llegamos, tranquilitos, hacia las once de la noche.
En ese espacio de tiempo, mientras conduces, si que piensas que estás volviendo a tu rutina, pero aún te encuentras inmerso en ese aire vacacional que has respirado durante diez días y nueve noches.
Y esa décima noche la pasas ya en casa.
Lo que realmente hace que vuelvas a la normalidad es el despertador del día siguiente: Las vacaciones... ¿fueron de verdad o un sueño? Ese pensamiento ha pasado por mi mente una fracción de segundo esta mañana cuando ese aparato insistía en recordarme lo inevitable:
-¡Buenos días!¡Volvemos a la normalidad!- parecía decir.
Una mirada a las maletas, que al pie de la cama esperaban para ser deshechas, me hizo comprender que si, que las vacaciones vinieron, las disfrutamos y pasaron.
Cada vez que vuelvo a esas horas de viaje me pasa lo mismo y siempre me digo: "El próximo retorno será por la mañana"
Al final, una vez más, pensar en mis abuelos viviendo más sosegadamente los mismos largos viajes que ahora hacemos, me lleva la conclusión que, al menos en esto, antes se vivía mejor.

2 comentarios:

  1. ... me preguntaba de quien era el otro ordenador que estaba conectado a mi página ...
    ¡¡¡ gracias por yu bienvenida !!!

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