lunes, 10 de enero de 2011

La cena de empresa

Tengo ganas de relatar la cena de navidad de la empresa, pero la verdad es que no sé por dónde empezar, aunque siempre será mejor ir al principio de las cosas, si.

Aunque no estoy en la plantilla, un grupo de hostelería de la zona me considera parte de su equipo, así que me llegó la invitación. Sucintamente se me informaba de que tal día a tal hora, se nos convocaba en uno de los restaurantes para celebrar éstas fiestas todos juntos. Sin más información.

A la hora en cuestión empezamos a aparecer todos en el punto de reunión y en un rato estábamos los más de veinte, dispuestos y preparados para una buena noche de fiesta.

Lo primero fue lo mejor: un minibús para que nadie tuviera problemas y dentro de él un mega-bar montado. Genial. Cada uno hizo su presentación en la "pasarela" del pasillo ante el regocijo de todos. Así llegamos a nuestro primer destino: la plaza Mayor de Madrid.

Ahí desembarcamos todos y le dimos una vuelta. Unos se hacían fotos asaltándo a transeuntes, otros buscaron gorros navideños... enfín una divertida vuelta que calentó nuestros motores ya alegres tras las primeras copas del bus.

Luego el Mercado de San Miguel: un mercado convertido en un recito abierto al tapeo y las bebidas. Ahí conseguimos, tras armárse cada uno con la bebida de su gusto, una mesa común donde reimos y disfrutamos un montón.

Ya a muchas revoluciones, nos volvimos a embarcar en el bus, esta vez con destino al restaurante, en Alcorcón, donde nos metimos entre pecho y espalda un excelente y moderno menú. Aquí nos calmamos un poco pero no lo suficiente como para no seguir con la fiesta.

Nuestro próximo destino, una Discoteca de moda: La Nuit, en Madrid de nuevo. Un amplio reservado casi con barra libre fue donde dejamos el resto de nuestras energías.

De vuelta al pueblo, a altas horas de la madrugada, cuando el cuerpo nos pedía ya el merecido y necesario descanso y al verlos a todos tan tranquilitos incluso me atreví a contarles uno de mis cuentos favoritos "El Trato", el primero que conté en el Café-Teatro de Nico hace ya muchos años.

Y así llegamos a casa, cansados, pero con el buen gusto de boca de una noche fenomenal como ninguna.

Una gozada.

Eso si, al día siguiente, al cabo de unas pocas horas, todo el mundo en su puesto como si no hubiera pasado nada. Cosas de vivir en nuestras carnes el duro mundo de la Hostelería.
En el Mercado de San Miguel, Madrid.

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