jueves, 11 de noviembre de 2010

Una llamada telefónica

Me encanta recibir, de cuando en cuando, su llamada:

- ¿Qué querrá? - pienso

El repiqueteo del teléfono cesa. Soy yo el que tiene una tarifa plana en el teléfono móvil y me toca hacer las llamadas, así que dejo lo que tengo entre manos, me acomodo en alguno de los sofás y marco su número.

Su voz... ¡me encanta oírla!:

- ¡Hola! ¿Qué haces? -

Acostumbra a ser su primera frase y yo le cuento sucintamente, porque lo importante es lo suyo, lo que me quiere decir. Y yo escucho. Atentamente. Me encanta.

Y me relata un "chisme", un "cabreo", una alegría, un descubrimiento, un accidente, una tristeza.... o me pregunta alguna cosa sobre chips, chismes electrónicos, ordenadores, Internet, programas... o me añade un par de cosas más a la lista de la compra... o me informa del lamentable estado de nuestra cuenta corriente...

Un ratito con su voz.

Cuando suena el teléfono sé que esos minutos en que mi oreja se acerca a su boca serán para mi un placentero bálsamo.

Bueno, en alguna que otra ocasión en vez de un bálsamo es como una patada en el culo, pero son las menos. Nadie dijo que la vida en pareja no tuviera oleaje, pero en caso de "tempestad en alta mar" yo me "encierro-en-mi-camarote-hasta-que-amaine"... para su enfurecimiento. Somos emocionalmente muy diferentes.

Luego, siempre, la calma. Hasta que se harte, claro.

Y aquí estoy yo, enredando con esto y con aquello pero siempre cerquita del teléfono:

- Ring, ring

Os dejo que suena el teléfono. Mmmmm ¡que gustito!


1 comentario:

  1. jajajaja procuraré que las patadas en el culo sean las menos. :-)

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